Ghostpital-es
La afición a la medicina empezó sobre los trece años. En casa había muchos libros de medicina perteneecientes a mi padre. Desde el clásico "Medicina Natural" del que se decía Dr. Wander (un farsante a mi entender) hasta la clásica "Consulta" (una enciclopedia médica familiar coleccionable en fascículos), pasando por múltiples libros sobre distintas especialidades; aunque principalmente sobre análisis clínicos.
Después empecé a realizar "experimentos" sobre anestesia con éter etílico en ranas y lagartijas. En una ocasión llegué a fabricar óxido nitroso calentando lentamente, sobre un infiernillo eléctrico en una especie de retorta metálica que fabriqué con una carga de gas vacía (Flamminaire?) y un codo metálico de una lámpara vieja una cantidad de NH4NO3. Más adelante conseguí cloroformo para narcosis de la marca "Riera Córdoba", en la droguería "Bidón" de Sevilla, a uno de cuyos dependientes sobornaba con restos de la revista "Play-Boy" que compraba en el instituto a bajo precio (las página buenas las recortaba el vendedor y se cotizaban a un valor más alto, pero yo compraba el resto de la revista a una peseta, creo recordar). El cloroformo era enormente tóxico para los animales y había que tener "mucha mano". Tenía casi quince años cuando lo usamos por primera vez. Pero poco a poco fuimos adquiriendo más experiencia en el manejo de estas sustancias y el fin que le dábamos era realizar intervenciones quirúrgicas en animales de todo tipo. Sobre todo a raíz de comprar en la librería Sanz de Sevilla el libro "Transplante experimental de órganos vitales" de Demijov, que me costó sobre 300 pts.
Posteriormente llegué a utilizar el Dehidrobenzperidol como coadyuvante con la anestesia con éter, pues resultaba que en intervenciones largas el gasto de éter era enorme y las borracheras que pillábamos al inhalar esta atmósfera no eran nada desdeñables (la foto que sigue está realizada a finales de 1973, en mi casa, donde habíamos practicado una esplenectomía a un ratón).
Por fin. tras comenzar medicina, asistimos al Hospital militar de Sevilla, donde inyecté mi primer pentothal a un paciente (¡un gramo entero!), para después de mucho pensarlo, opté por realizar la especialidad de Anestesiolgía-Reanimación. Y desde aquí sigue la trayectoria de esta afición que después se convirtió en profesión.
La siguiente fotografía se realizó cuando terminé la especialidad de anestesiología en el Hospital Universitario "Virgen Macarena" (Sevilla), el 30 de septiembre de 1981, con Tomás Iruarrizaga Aboitiz (con el que aprendí mis primeros pasos en la especialidad desde el tiempo de estudiante de medicina) y con el Dr. Ruiz Carmona (ORL):
En Cabra, julio de 1984:
Y el fin de año (1987-88) en el mismo hospital:

Inauguración del nuevo hospital de Osuna, el sábado 10 de abril de 1993. Aquí el primer paciente que se intervino ese mismo día por la noche:
Curiosa especialidad esta de anestesiología. No está ni estará nunca valorada lo suficientemente. Realizamos el trabjo de celadores, auxiliares y enfermeras por el mismo salario que médicos de otras especialidades, que incluso tiene el tiempo libre suficiente para poder tomar café -en la cafetería-; mientras nosotros estamos todo el día dentro de lo que yo denomino "La Mina".
Las condiciones de trabajo son similares a una mina de uranio, llena de radiaciones, de atmósfera irrespirable, de ruidos (curiosamente quienes ponen la radio más alta, son los que tienen menor responsabilidad). Y no hablemos de la soledad. Por ejemplo los cirujanos, siempre actúan en una intervención de dos en dos o de tres en tres, pero a los anestesistas, en raras ocasiones nos ayudan, aunque el paciente sea complejo. Por eso, al igual que el anuncio de BMW que aparecía en la televisión, podría decirse: Nadie que te cambie un suero, nadie que te busque algo, nadie que te ayude a sostener algo...
¿Te gusta anestesiar?




